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Alertas de deforestación bajan 19% en el Cerrado y suben 12% en la Amazonia en agosto

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SMPor Sofia Menezes•11 de septiembre de 2026•Fuentes: Folha de S.Paulo, Portal Piauí Hoje

Las alertas de deforestación en el Cerrado cayeron un 19% en agosto en comparación con el mismo mes de 2025: se perdieron 238 km² de vegetación nativa, frente a los 294 km² del año anterior. En la Amazonia la señal fue opuesta: las alertas subieron un 12%, de 319 km² a 358 km². Los datos provienen del Deter, el sistema satelital de monitoreo casi en tiempo real del Inpe (Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil), divulgados en un evento en São Paulo este viernes, día en que el país celebra el Día del Cerrado, en homenaje a su extensa sabana tropical.

El Deter emite alertas rápidos para orientar operativos de fiscalización; las cifras oficiales provienen de otro sistema del instituto, el Prodes, más preciso y de publicación anual. Agosto cae en plena estación seca amazónica: julio, agosto y septiembre concentran la mayor parte de la deforestación, porque la vegetación seca facilita la tala. En el Cerrado la sequía comienza antes, en mayo, y suele durar más.

El acumulado del año sigue a la baja

En el año, la tendencia continúa a la baja en ambos biomas. Entre enero y agosto el Cerrado perdió 3.810 km², una caída del 7% (7,1% según el portal Piauí Hoje, que revisó los mismos datos del Inpe), y la Amazonia acumula 2.041 km², un 31% menos. Sumados, los dos biomas perdieron casi 6.000 km² en ocho meses, un área cercana a la de Brasilia (5.760 km²) y unas cuatro veces la de la ciudad de São Paulo (1.521 km²).

El ranking estatal muestra dónde está la presión. En la Amazonia lideran Pará (704 km²), Mato Grosso (611 km²) y Amazonas (347 km²). En el Cerrado, los mayores totales están en Maranhão (1.025 km²), Piauí (420 km²) y otra vez Mato Grosso (414 km²), un estado que alberga los dos biomas. El total del Cerrado casi duplica el de la Amazonia.

Ley más permisiva y fiscalización desigual

Las dinámicas también difieren, según Folha de S.Paulo, el diario que publicó primero los datos de agosto. En la Amazonia la supresión se concentra en tierras públicas sin destino y en áreas protegidas invadidas; en el Cerrado ocurre sobre todo en propiedades privadas. La legislación es más permisiva en el segundo caso: el Código Forestal brasileño permite desmontar hasta el 80% del área de un inmueble rural en el Cerrado, o el 65% en zonas de transición hacia la selva amazónica. En la Amazonia el límite legal es del 20%.

El propio Deter existe para alimentar la fiscalización: sus alertas orientan los operativos. Donde se reforzó la inspección, la caída fue mayor. En Piauí, donde el Cerrado ocupa el 53% del territorio, la reducción en el acumulado del año fue la mayor entre los estados, del 52,1% (de 877,91 km² a 420,11 km²), un resultado que el sitio Piauí Hoje atribuye al aumento de la fiscalización y al uso de tecnología por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Hídricos del estado (Semarh). La tala también tiene alcance global: el carbono liberado por la vegetación derribada entra en el balance de emisiones que Brasil reporta en sus compromisos climáticos internacionales.

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