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Deforestación amazónica reduce las lluvias en la cuenca del Iguaçu, apunta estudio

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La deforestación en la Amazonía está asociada a la caída de las lluvias en la cuenca del río Iguaçu, en el estado de Paraná, al sur de Brasil, según un estudio de la Universidad Federal de Paraná (UFPR) publicado en julio en la revista científica Brazilian Journal of Biology. Los investigadores cruzaron datos de pérdida de bosque del instituto espacial INPE y de la ONG Imazon con registros de 64 estaciones pluviométricas entre enero de 2011 y diciembre de 2023, y hallaron una correlación: los períodos de mayor deforestación amazónica coincidieron con menores volúmenes de lluvia en la cuenca paranaense.

La cuenca es central para la economía del estado. Abarca las regiones este, sur, suroeste y oeste de Paraná, cubre 35 municipios y concentra cerca del 60% de la producción de granos y el 23% de la ganadería del estado, según la investigación. Allí funcionan cinco grandes embalses que responden por cerca del 41% de la generación hidroeléctrica de Paraná, con base en datos de la compañía estatal Copel y de la agencia nacional de aguas ANA citados en el estudio.

Cómo el bosque alimenta las lluvias del sur

La conexión pasa por el transporte de humedad en la atmósfera, fenómeno conocido en Brasil como ríos voladores: el bosque libera vapor de agua que avanza en corredores hacia regiones distantes. Cerca del 40% de la lluvia que llega a Paraná está relacionada con la humedad originada en la región amazónica, explicó la investigadora Ana Carolina da Silva, una de las autoras.

"La Amazonía no es un sistema aislado del norte del país; afecta a toda América del Sur, incluido Paraná. Cuanto mayor sea la deforestación observada en la Amazonía, menores tenderán a ser los volúmenes de lluvia registrados en el estado."

Según el sitio Portal Amazônia, que difundió el estudio con contenido de la agencia de noticias científicas Agência Bori, la pérdida forestal se disparó a partir de 2020 y llegó a 2.095 km² en un solo mes, en julio de 2021. Para la autora, la presión humana pesó más que el clima: la reducción de la eficacia de la fiscalización ambiental fue más determinante para el avance de la deforestación que las condiciones climáticas del período, marcado en parte por La Niña. En 2020, la Amazonía registró más de 222.000 focos de incendio, un aumento del 120% sobre el promedio de los años anteriores.

La alerta para cultivos y represas

Cuando falta lluvia, las pérdidas aparecen rápido en los campos de la cuenca. Soja, maíz, trigo y cebada son los cultivos más expuestos, y la sequía en fases críticas del ciclo reduce el volumen y la calidad de la cosecha, explicó Ana Paula Kowalski, coordinadora del departamento técnico y económico de Faep, la federación agrícola de Paraná. En eventos extremos, los agricultores registran caídas del 10% al 20% en la productividad, y una sequía prolongada puede dejar la soja entre un 15% y un 25% por debajo de la meta de 3.500 a 4.000 kg por hectárea. En el ciclo 2021/2022, una sequía entre diciembre y enero derrumbó la producción estatal de soja en cerca del 50%.

El estudio no atribuye toda sequía de Paraná a la deforestación amazónica. El estado tiene un clima diverso y recibe con frecuencia la entrada de masas de aire, como recordó Kowalski, y el trabajo señala una correlación entre los dos fenómenos. El camino propuesto por los investigadores es frenar la tala en el norte del país e integrar la planificación agrícola y energética con la conservación, tratando la cobertura amazónica como parte de la seguridad hídrica del sur. "Los datos sugieren que esta región de Paraná tendrá fuertes impactos en la generación de energía y en el abastecimiento de agua si esto sigue ocurriendo", afirmó Ana Carolina.

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