Entre galpones industriales y tanques circulares rodeados por el cerrado del interior de Goiás, Serra Verde opera hoy la única mina de tierras raras en producción comercial de Brasil. Fue allí, y en otros tres proyectos repartidos por el país, donde el gobierno federal vio a inversores extranjeros acelerar sus apuestas en los últimos meses, un movimiento que llevó al presidente Luiz Inácio Lula da Silva (PT) a exigir celeridad al Congreso en la regulación del sector.
Según un reportaje de Folha de S.Paulo, Lula pidió esta semana al presidente del Senado, Davi Alcolumbre (União-AP), agilidad en la votación del proyecto de ley que crea reglas para la explotación de minerales críticos, un grupo de insumos estratégicos que incluye las tierras raras, usadas en imanes, motores eléctricos y electrónica. El pedido llegó después de que el gobierno constatara una carrera de inversores extranjeros por asociarse o ampliar su participación en cuatro proyectos de tierras raras en el país, antes de que las nuevas reglas entren en vigor.
Cuatro proyectos en la mira
En los últimos días, el proyecto Serra Verde, en Goiás, y el Colossus, en Poços de Caldas (MG), anunciaron inversiones adicionales del Departamento de Defensa de Estados Unidos y de la minera australiana Viridis que suman US$ 870 millones, unos R$ 4.500 millones al cambio actual. Antes que ellos, el Caldeira, de la australiana Meteoric, también en Poços de Caldas, y el Borborema, de Brazilian Rare Earths, en Bahía, recibieron aportes extranjeros en enero y abril de 2026, cuando ya había comenzado la discusión sobre el marco regulatorio de las tierras raras.
De acuerdo con Folha, en los casos de Serra Verde y Colossus los recursos sirven para ampliar la participación de extranjeros en el capital de las compañías, lo que en la práctica significa asumir el control de ambas empresas. En los otros dos proyectos, los aportes financian el desarrollo de la exploración. El temor del Palacio del Planalto, la sede de la presidencia brasileña, es que los inversores tracen estrategias capaces de obstaculizar el plan de regular el sector y de obligar a que parte del proceso productivo del mineral se haga dentro de Brasil.
Carrera contra el calendario electoral
Al presionar a Alcolumbre, Lula argumentó que otros países ya avanzaron en legislaciones que limitan el acceso de extranjeros a minerales considerados estratégicos, como Australia, y que, en su visión, Brasil no podía quedarse atrás en ese contexto. Ambos se reunieron el miércoles (26) con el presidente de la Cámara de Diputados, Hugo Motta (Republicanos-PB), para definir las agendas prioritarias del Congreso antes de las elecciones de octubre. Según G1, el presidente afirmó que hay "mucha gente extranjera" comprando minerales críticos de Brasil antes de que el país regule el sector.
La articulación entre los tres presidentes puede destrabar la propuesta en el Senado, según NeoFeed, pero eventuales cambios en el texto devolverían el proyecto a la Cámara, un ir y venir que compite con el calendario electoral. Mientras la tramitación avanza en Brasilia, los galpones y tanques de Serra Verde siguen al ritmo de las excavadoras goianas, rodeados por el mismo cerrado que ahora se convirtió en el centro de una disputa sobre quién controlará lo que sale del subsuelo brasileño.