El brasileño Gabriel Oliveira Araújo Vieira, de 24 años, murió en Camboya en julio de 2025 bajo sospecha de haber sido víctima de una red de trata de personas, y su cuerpo recién fue repatriado a Brasil casi un año después, según un reportaje publicado por el diario Folha de S.Paulo este martes. El caso forma parte de una serie del periódico llamada 'Carga Humana', que investiga a brasileños reclutados para trabajar en el país asiático y luego atrapados en esquemas de estafas digitales.
Según el reportaje, el cuerpo de Gabriel permaneció cerca de un año en la funeraria Evergreen, ubicada detrás de un templo budista en la capital, Phnom Penh, hasta ser entregado a la familia. Sus padres, la profesora Leniêr Quirino, de 54 años, y el veterinario Daniel de Araújo Vieira, de 55, rechazaron la opción, más barata y habitual entre familias de extranjeros fallecidos en el país, de recibir solo las cenizas, porque necesitaban tener la certeza de que el cuerpo era realmente el de su hijo. La empresa que supuestamente empleaba a Gabriel dijo a la familia, por mensaje, que la muerte se debió a la explosión de un microondas, pero no presentó ninguna prueba que respaldara esa versión.
Según Folha, Gabriel tenía formación técnica en tecnología de la información y aceptó una oferta de empleo en Bangkok, Tailandia, atraído por la promesa de alojamiento, comida y pasajes aéreos incluidos. El reportaje señala la trata de personas como la principal hipótesis de lo que le ocurrió después. Camboya se convirtió en 2025 en el principal destino de víctimas brasileñas registradas bajo el Protocolo Operativo Estándar de Atención a Víctimas de Trata Internacional de Personas, según datos del Ministerio de Justicia citados por el diario.
El caso de Daniela
El nombre de Gabriel aparece vinculado al de Daniela Marys de Oliveira, arquitecta de Minas Gerais graduada por la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), quien permanece presa en Camboya. Según un reportaje de CNN Brasil, Daniela, entonces de 35 años, se había mudado al país a comienzos de 2025 para ocupar un puesto de telemarketing, pero se negó a continuar cuando descubrió que el trabajo formaba parte de un esquema de estafas por internet. Su familia asegura que, como represalia, criminales colocaron drogas entre sus pertenencias para incriminarla y luego extorsionaron a la familia, amenazando con venderla para explotación sexual si no pagaban un rescate.
Daniela fue juzgada por el Tribunal de Justicia de Camboya sin intérprete y condenada, el 12 de noviembre de 2025, a dos años y seis meses de prisión por posesión y uso de drogas, según CNN Brasil. La familia tenía un plazo de 30 días tras la sentencia para apelar las pruebas presentadas por la fiscalía. Consultado por la cadena, el Itamaraty (cancillería brasileña) informó que la Embajada de Brasil ha venido realizando gestiones ante el gobierno camboyano y prestando la asistencia consular correspondiente a Daniela, conforme al Protocolo Operativo Estándar de Atención a Víctimas Brasileñas de Trata Internacional de Personas.
Ambos casos, cubiertos por medios distintos, ilustran un patrón identificado por las autoridades brasileñas: el reclutamiento de trabajadores con ofertas de empleo aparentemente ventajosas en el sudeste asiático, seguido de la retención de documentos, la coacción para participar en estafas digitales y, en algunos casos, violencia o muerte cuando las víctimas se resisten.