Islandia decide este sábado (29), en un referendo, si retoma las negociaciones de adhesión a la Unión Europea (UE), suspendidas desde 2013. La consulta se interpreta como un acercamiento a Europa y un distanciamiento de los Estados Unidos de Donald Trump, cuyas amenazas de anexionarse la vecina Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, devolvieron impulso al debate, según reportajes del diario brasileño Folha de S.Paulo y de la revista estadounidense Foreign Policy.
El proceso llevaba más de una década congelado. El país solicitó el ingreso al bloque en 2009, tras la crisis financiera que derrumbó su sistema bancario, pero las conversaciones se interrumpieron después de las elecciones de 2013, en gran parte por la resistencia interna a la política pesquera común de la UE. En marzo de este año, el gobierno de la primera ministra Kristrún Frostadóttir sacó el tema del cajón. Además de las arremetidas de Trump, preocupan a Reikiavik los movimientos de Rusia y China en un Ártico cada vez más deshelado. Cada potencia tiene su interés en el tablero: Washington quiere ampliar su acceso a la región y a sus minerales estratégicos; Moscú y Pekín disputan rutas y recursos; y Bruselas negocia con un país ya integrado al mercado europeo a través del Espacio Económico Europeo (EEE), un acuerdo que da acceso al bloque sin asiento en las decisiones.
Para Brasil, la votación tiene una relevancia indirecta, pero concreta. El país negocia con la Unión Europea en bloque, a través del Mercosur, el grupo comercial sudamericano, y sigue de cerca cualquier cambio en la composición y la cohesión del club europeo. El episodio también expone un patrón que Brasilia observa en la era Trump: aliados tradicionales de Washington reevalúan sus alianzas bajo la presión estadounidense, lo que tiende a reforzar el peso relativo de Europa como polo alternativo de seguridad y comercio.
El peso simbólico de la consulta supera el tamaño del país. Sin fuerzas armadas y con menos de 400 mil habitantes, Islandia es miembro fundador de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), creada en 1949, y mantiene acuerdos de cooperación militar con Estados Unidos desde 1951, según Folha. La relación con Washington se sacudió en enero, cuando Trump amenazó con tomar el control de Groenlandia, por coerción económica o fuerza militar, y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, negoció un acuerdo que garantizó un mayor acceso estadounidense al territorio danés, de acuerdo con Foreign Policy. Trump llegó a citar a Islandia algunas veces, pero por error, al confundir el nombre del país con el de Groenlandia en declaraciones a la prensa, reportó Folha.
La campaña del "sí" es encabezada por la primera ministra. Mantener la corona islandesa "nos está costando una fortuna", dijo Frostadóttir al pódcast The Rest Is Politics el mes pasado, al argumentar que la adopción del euro traería inversión y estabilidad, según Foreign Policy. Dagur Eggertsson, exalcalde de Reikiavik y uno de los líderes de la campaña europeísta, atribuyó el impulso directamente a Washington: "Trump ha sido bastante elocuente, no solo el año pasado, sino repetidas veces. Eso hace pensar a la gente en las calles", afirmó al sitio Politico. La canciller islandesa, Thorgerdur Katrin Gunnarsdottir, resumió el clima en un informe reciente sobre el valor de las alianzas europeas: "El sistema internacional con el que vivimos desde el final de la Segunda Guerra Mundial está temblando".
El "no" se concentra en la soberanía. Los opositores temen perder el control sobre la pesca, la agricultura y los recursos naturales, y recuerdan que el país ya accede al mercado europeo por el EEE sin renunciar a las decisiones nacionales. Islandia figura entre las diez mayores rentas per cápita del mundo, con desempleo bajo y salud universal, lo que alimenta el argumento de que la adhesión no es vital para la prosperidad local, según Foreign Policy.
Las encuestas divergen en vísperas del voto
Las encuestas apuntan a un resultado imprevisible y se contradicen entre sí. Sondeos citados por Folha dan ventaja numérica al "sí", con 51,3% contra 48,7%, una diferencia inferior al margen de error. En cambio, una encuesta del instituto Gallup publicada el viernes (28) muestra el escenario invertido: 51,6% contra la reapertura de las negociaciones y 48,4% a favor, según Foreign Policy.
Si gana el "sí", el gobierno islandés aún deberá negociar con Bruselas los términos de un eventual acuerdo de adhesión, y cualquier tratado final será sometido a un segundo referendo nacional. El voto de este sábado, por tanto, solo autoriza la reapertura de las conversaciones. Aun así, el gesto ya dice algo sobre el momento: cuando hasta Canadá considera acercarse a la Unión Europea, como observó Folha, el tablero del Atlántico Norte ya no es el mismo.