La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB), el organismo del gobierno de Estados Unidos encargado de investigar accidentes aéreos, notificó a Brasil este jueves (27) la apertura de una investigación sobre un incidente que involucró al Marine One, el helicóptero que transportaba al presidente Donald Trump, y un avión comercial Embraer E170. El incidente ocurrió el 4 de agosto cerca del Aeropuerto Nacional Ronald Reagan, en Washington, y fue clasificado por la NTSB como pérdida de separación, el término técnico para cuando dos aeronaves quedan más cerca de lo que permite el margen de seguridad.
Según G1, las aeronaves llegaron a estar a poco más de 1,5 kilómetros una de la otra. Poder360, con base en el mismo informe preliminar, señala una distancia de unos 3 kilómetros. Ambas aeronaves siguieron sus trayectos y aterrizaron sin problemas, sin heridos, y la Casa Blanca afirmó que el presidente nunca estuvo en peligro. El avión involucrado operaba el vuelo 3742 de Envoy Air, con destino a Pensacola, Florida. Desde el año pasado, la Administración Federal de Aviación (FAA) prohíbe operaciones simultáneas de helicópteros y aviones en la zona del aeropuerto de Washington, lo que vuelve el episodio especialmente delicado para las autoridades estadounidenses.
Brasil participa en la investigación por una razón técnica: el E170 es un diseño de Embraer, el fabricante aeronáutico brasileño. Según las normas de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), el país responsable del diseño de una aeronave debe ser notificado y puede acompañar la investigación. El Centro de Investigación y Prevención de Accidentes Aeronáuticos (Cenipa), el organismo brasileño del sector, fue informado como representante del Estado de diseño.
Falla de comunicación
El informe preliminar divulgado por la NTSB este jueves señala problemas de comunicación entre el equipo presidencial y la torre de control como factor central del incidente. Según el documento, el Marine One despegó de un punto alternativo de la Casa Blanca debido a una obra, en una zona con problemas conocidos en la frecuencia de radio usada para hablar con la torre. El protocolo de seguridad exige que el equipo presidencial avise al control de tráfico aéreo tres minutos antes del despegue, para que los aterrizajes y despegues en el aeropuerto se suspendan temporalmente.
De acuerdo con G1, los agentes intentaron contactar a la torre dos veces. En la primera, el aviso no llegó al controlador. En la segunda, la señal llegó cortada y "completamente inaudible". Sin el aviso obligatorio, la torre autorizó el despegue del avión comercial. Ya en vuelo, las dos aeronaves lograron comunicarse, y la tripulación del E170 informó que tenía contacto visual con el helicóptero.
Para Brasil, el interés en el caso es sobre todo técnico y comercial. La familia de aviones E170/E175, a la que pertenece la aeronave involucrada, es ampliamente utilizada por aerolíneas regionales en Estados Unidos. Hasta ahora, las evidencias preliminares apuntan a una falla de comunicación en tierra, y no a ningún problema en el avión de diseño brasileño. La investigación de la NTSB continúa, y el informe final deberá detallar las causas del incidente y recomendar medidas para evitar que se repita.