La explosión de un coche bomba mató a un oficial militar ruso e hirió a su esposa este jueves (27) en el distrito de Pushkinski, en las afueras de San Petersburgo, asestando otro golpe a la seguridad interna rusa. El ataque amplía la serie de operaciones selectivas contra mandos militares lejos del frente de combate.
Según el medio local Fontanka, el militar prestaba servicio en las fuerzas aéreas y de defensa antiaérea rusas. Los investigadores estatales confirmaron que el artefacto detonó cuando la pareja salía de su vivienda, destruyendo el vehículo y obligando a hospitalizar a la mujer en estado grave.
Ataques en la retaguardia
Desde el punto de vista táctico, los ataques en zonas urbanas funcionan como una presión alta en campo rival: obligan a Moscú a replegar recursos de seguridad para blindar a sus mandos en casa, desorganizando la cadena de mando antes de que las órdenes lleguen al frente.
Kiev se ha atribuido incursiones similares a lo largo de más de cuatro años de conflicto, aunque mantiene silencio sobre atentados puntuales. La baja de mayor rango registrada hasta el momento fue la del teniente general Igor Kirillov, abatido en diciembre de 2024 frente a su apartamento en Moscú.
Con esta nueva detonación, los servicios de inteligencia rusos vuelven a quedar bajo la lupa por fallos de vigilancia sobre objetivos militares estratégicos.