La Justicia de São Paulo aceptó el pedido de recuperación extrajudicial de Braskem, un mecanismo del derecho concursal brasileño que permite renegociar deudas con los acreedores sin entrar en un proceso judicial pleno. La petroquímica, la mayor de América Latina, busca reestructurar US$ 10.900 millones en deuda financiera, unos R$ 56.300 millones. La decisión del juzgado de la 2ª Vara de Quiebras y Recuperaciones Judiciales de la Comarca de São Paulo, informada por la empresa este viernes (28), ratificó la suspensión por 120 días de todas las ejecuciones presentadas contra la compañía por acreedores alcanzados por el plan, según Folha de S.Paulo. El plazo ya descuenta los 60 días otorgados por una tutela cautelar anterior.
El pedido se presentó el 24 de agosto con alcance estrictamente financiero, sin involucrar a proveedores ni a otros acreedores operativos. De acuerdo con la revista Veja, la compañía llegó al proceso con la adhesión de acreedores que representan el 39,6% de los créditos y tiene una ventana de 90 días para ampliar ese apoyo y presentar la versión definitiva del plan. El diseño inicial prevé dos años y medio de alivio en el pago de intereses y posterga la amortización del principal hasta después del quinto año. La empresa afirmó, también según Folha, que el plan definitivo puede incluir la capitalización de parte de la deuda y que los accionistas principales, IG4 y la petrolera estatal Petrobras, podrían aportar liquidez si fuera necesario.
Frentes en el exterior presionan el plan
La recuperación avanza en paralelo a disputas fuera del país. En Estados Unidos, fondos vinculados a Bracebridge Capital cuestionan la inclusión de Braskem America Finance, empresa registrada en Delaware, en el Chapter 15, el mecanismo que hace valer en suelo estadounidense la protección concedida en Brasil. La Finance responde por unos US$ 589 millones en bonos, de los cuales apenas el 13,2% adhirió al plan, según Veja. El plan establece que, si una de las deudoras es objeto de un proceso involuntario de insolvencia en otra jurisdicción y Braskem no logra suspenderlo en 20 días hábiles, el episodio puede convertirse en un evento de resolución de toda la reestructuración.
En Texas, la filial mexicana Idesa ya está en Chapter 11. Antes de eso, Braskem contrató al banco Lazard para buscar financiamiento y contactó a 20 potenciales financiadores, sin obtener una propuesta viable. La solución salió de caja propia: hasta US$ 350 millones para la operación mexicana, de acuerdo con Veja.
La firma de inversión IG4 asumió el control de Braskem heredando la mayor petroquímica de América Latina, la deuda multimillonaria y una crisis que se arrastra desde hace años. La empresa además sigue cargando con los costos del desastre de Maceió, en el noreste de Brasil, donde la extracción de sal gema provocó el hundimiento de barrios enteros y obligó a reubicar a miles de residentes, además de acuerdos de indemnización por miles de millones de reales.
Para los proveedores y los clientes de la cadena del plástico, el diseño del proceso limita el efecto práctico en el corto plazo: al ser el alcance estrictamente financiero, la operación industrial continúa con normalidad y la producción de resinas, insumo del que dependen transformadores y fabricantes de envases en todo Brasil, no se ve afectada. Para el consumidor, cualquier impacto sería indirecto y dependería del éxito de la reestructuración en los próximos meses, cuando los acreedores decidan si adhieren al plan definitivo.