Ciudadanos brasileños víctimas de la trata de personas en Camboya están siendo obligados por una red criminal a aplicar estafas telefónicas contra personas en Brasil haciéndose pasar por agentes de la Policía Federal de ese país, según una investigación del diario Folha de S.Paulo publicada el lunes (24). La reportera Victoria Damasceno viajó a Sihanoukville, en la costa sur del país asiático, y escuchó a víctimas que describieron trabajo forzado bajo amenaza de golpizas, descargas eléctricas y privación de comida.
Uno de ellos es Pedro Alencar, 25, quien pidió ser identificado por el nombre con el que era conocido en los complejos de estafas. Empleado de telemarketing, fue captado con promesas de un salario alto y un trabajo digno. Antes de llegar a la costa camboyana, había sido llevado a Laos y Filipinas, donde el trabajo forzado estaba vinculado a plataformas de casinos. En Camboya, fue obligado a aplicar lo que llamó "la estafa más pesada": fingir ser de la Policía Federal y envolver a la víctima en una historia que solo terminaba cuando se concretaba una transferencia bancaria.
"Usted tiene que asumir las consecuencias legales por cada delito que fue cometido usando su identidad. ¿Entiende?", dice una de las frases del guion que Alencar debía seguir. Según Folha, además de la Policía Federal, la red simula ser la policía civil y la militar, el Ministerio Público Federal, el Banco Central, el Tribunal de Cuentas de la Unión, la Secretaría Nacional de Justicia y hasta empresas privadas, como Meta. Los estafadores citan nombres de agentes en ejercicio y llegan a convocar a las víctimas a falsas reuniones en línea.
Otro reportaje de la misma serie, titulado Carga Humana, mostró que complejos en Poipet, en la frontera con Tailandia, captaban brasileños con ofertas de US$ 4.000 mensuales (unos R$ 20.000), jornadas de 12 horas y contratos de un año. Según el diario, delitos de este tipo han convertido a Camboya en uno de los principales destinos de brasileños víctimas de la trata.
Guion en tres etapas
El patrón descrito por Folha confirma relatos anteriores sobre el esquema. En octubre de 2025, una brasileña traficada al Sudeste Asiático contó al programa documental Profissão Repórter, de TV Globo, que la estafa operada desde Camboya tenía tres etapas. En la primera, los criminales se hacían pasar por policías civiles y afirmaban que una persona había sido detenida con una tarjeta de crédito a nombre de la víctima. Después, la llamada se transfería a un falso agente de la Policía Federal, que presionaba para obtener datos bancarios bajo amenaza de congelar las cuentas. Al final, la víctima era convencida de transferir el dinero a una supuesta cuenta de la Policía Federal, con la promesa de que sería devuelto al concluir la investigación. Los estafadores trabajaban de madrugada, para ajustarse al horario brasileño, y tenían acceso a datos personales de las víctimas, como nombre, dirección y CPF, el registro individual de contribuyentes de Brasil.
La mujer, que pidió no ser identificada, dijo que aplicaba las estafas bajo amenaza de tortura. "Se quedaban con un taser detrás de ti, un arma de descargas", relató, según G1.
Comisaría falsa hallada en la frontera
En marzo, una visita organizada por el Ejército tailandés para la agencia AFP halló en O'Smach, Camboya, una sala montada para imitar una comisaría de la Policía Federal de Brasil, junto a escenarios que reproducían oficinas policiales de Australia, Canadá e India. El lugar, abandonado apresuradamente durante los combates fronterizos de diciembre de 2025, conservaba guiones de llamadas y listas con teléfonos de objetivos en varios países. Según los militares tailandeses, unos 20.000 sospechosos huyeron antes del ataque a la zona.
El Sudeste Asiático se ha convertido en el centro de una industria multimillonaria de estafas en línea que reúne a cientos de miles de personas, algunas de ellas víctimas de la trata, según la AFP. El gobierno de Camboya prometió desmantelar las operaciones de estafa en su territorio, pero autoridades tailandesas afirman que el país necesita reconocer la dimensión del problema y buscar apoyo internacional para combatirlo.