La ministra de Gestión e Innovación de Brasil, Esther Dweck, presentó las líneas centrales del plan de soberanía digital del gobierno de Lula en una entrevista con el pódcast A Máquina, una serie del diario Folha de S.Paulo emitida durante el período electoral. El objetivo, según dijo, es reducir el riesgo de que Brasil quede desconectado de tecnologías esenciales por sanciones estadounidenses y aumentar la autonomía del país para desarrollar y regular su propia inteligencia artificial.
"Es importante decir que no es una autosuficiencia y que Brasil no se cerrará al resto del mundo ni logrará producir todo internamente", afirmó Dweck a Folha. La ministra dividió la estrategia en cuatro capas: soberanía de datos (saber dónde están los datos y poder acceder a ellos), capacidad operativa (seguir ejecutando sistemas desarrollados por terceros aunque una sanción impida a la empresa extranjera atender a Brasil), desarrollo tecnológico propio y, por último, gobernanza y regulación, es decir, mantener lo digital bajo la jurisdicción de las leyes brasileñas. Piense en la soberanía digital como un generador en casa: no hace falta ser dueño de la planta eléctrica, pero hay que garantizar que la luz no se apague si la distribuidora corta el suministro.
Dos episodios recientes explican la urgencia del gobierno. En junio, una orden ejecutiva del gobierno de Trump bloqueó el acceso de los no estadounidenses a los modelos más avanzados de Anthropic, la empresa estadounidense de IA. El año pasado, Microsoft bloqueó el correo electrónico del fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, Karim Khan, después de que pasara a ser objetivo de sanciones de Estados Unidos. El modelo de negocio importa aquí: Microsoft y Anthropic son empresas estadounidenses, responden a la ley estadounidense y necesitan cumplir las sanciones para seguir operando. Cuando un proveedor es obligado por su propio gobierno a desconectar a un cliente, el contrato firmado pesa poco.
Dweck también negó que Brasil se esté alineando con China, pese a que el país se unió a Waico, la alianza de inteligencia artificial liderada por Pekín, y no a Pax Silica, la iniciativa equivalente de Estados Unidos. La adhesión a Waico fue reportada en julio por Gazeta do Povo, que destacó que el grupo reúne a gobiernos autoritarios. Para la ministra, entrar en la alianza forma parte de la búsqueda de asociaciones estratégicas, no de elegir un bando.
Lo que aún no sabemos
Por ahora, el plan existe más como discurso que como documento. La entrevista no ofreció presupuesto, plazos ni la lista de sistemas que ganarían redundancia nacional, y no hay ninguna cifra pública sobre cuántos datos y servicios del gobierno brasileño funcionan hoy en nubes extranjeras. En año de elecciones, además, queda la duda de siempre: ¿la propuesta se convierte en política de Estado, con contratos e inversiones firmados, o queda como programa del gobierno actual?
En la práctica, conviene observar tres señales en los próximos meses: la publicación de licitaciones y contratos vinculados al plan, la reacción de los grandes proveedores de nube que atienden al gobierno y el avance de la regulación de la IA en el Congreso. Para empresas y organismos públicos, la propia lógica del plan deja un mensaje directo: mapear de qué proveedores extranjeros se depende es el primer paso, con o sin soberanía digital en el papel.