En un supermercado del medio oeste estadounidense, la libra de carne molida cuesta hoy un 79% más que a comienzos de 2019, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos. Ese aprieto en el bolsillo del consumidor, más que cualquier debate abstracto sobre libre comercio, fue lo que llevó al presidente Donald Trump a prometer este miércoles que revisará las reglas que rigen el procesamiento de carne bovina en el país, mientras mantiene la promesa de reducir temporalmente los aranceles a la carne importada.
Trump hizo la declaración en el programa del presentador Glenn Beck, después de que el propio Beck sugiriera que menos burocracia del Departamento de Agricultura permitiría a los ganaderos más pequeños faenar su propio ganado, sin depender de las grandes procesadoras. 'Eso podría ser una gran idea para los ganaderos', respondió Trump, endureciendo el tono enseguida: 'Solo he escuchado cosas malas sobre esto, son cuatro empresas, y es un monopolio.'
Las cuatro empresas a las que se refirió Trump controlan cerca del 85% de todo el procesamiento de carne bovina en Estados Unidos: Cargill, Tyson Foods, JBS USA y National Beef Packing Co. Dos de ellas, JBS USA y National Beef, pertenecen a las brasileñas JBS y MBRF. El año pasado, el Departamento de Justicia estadounidense ya investigaba si estas procesadoras estaban inflando artificialmente los precios pagados por el consumidor final.
Qué cambia, para quién
El anuncio sobre desregulación se suma a una medida que Trump ya había anunciado la semana anterior: un recorte temporal de aranceles para intentar contener los precios de la carne, que están en niveles récord en los supermercados estadounidenses.
- Durante 90 días, Estados Unidos permitirá la importación de hasta 300.000 toneladas de carne destinada a la producción de carne molida sin arancel fuera de la cuota
- Trump espera que ese volumen llegue al consumidor a un precio 25% menor al que rige hoy en el mercado estadounidense
- La medida busca aliviar el mercado mientras se reconstituye el hato ganadero de Estados Unidos, reducido en los últimos años
La reacción de los propios productores estadounidenses, sin embargo, fue de resistencia. La American Farm Bureau Federation, la principal entidad de lobby del sector agrícola, pidió formalmente a Trump que diera marcha atrás. En una carta enviada el martes, el presidente de la entidad, Zippy Duvall, afirmó que la medida 'perjudicará a los ganaderos... de Estados Unidos, que trabajan incansablemente para producir alimentos para las familias estadounidenses'. La secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, dijo a periodistas en la Casa Blanca el martes que ni siquiera sabía qué países estaban incluidos en el anuncio de reducción arancelaria de Trump.
El episodio expone una tensión dentro de la propia base política de Trump: ganaderos que quisieran aranceles más altos para proteger el precio del ganado nacional por un lado, consumidores presionados por facturas de supermercado cada vez más caras por otro, y un presidente que intenta equilibrar ambos frentes sin definición clara sobre qué países se beneficiarán de la cuota de importación, una pregunta con implicancias directas para las frigoríficas brasileñas JBS y MBRF, que abastecen buena parte del mercado estadounidense a través de sus filiales locales.